El galvanizado es un tratamiento superficial del acero mediante la aplicación de zinc en un proceso en caliente, que le confiere una gran resistencia a la corrosión por agentes atmosféricos e incluso la presencia permanente de agua.

El zinc tiene la propiedad de formar una aleación superficial con el acero y por tanto no se desprende. Sin embargo se debe cuidar no rayar o dañar la superficie ya que la capa de zinc es delgada.

Otro mecanismo de fallo de las superficies tratadas con zinc en caliente es la corrosión electrolítica, cuando está en contacto con otros metales.

El aspecto final es una superficie gris mate, con cierto aspecto industrial y poco decorativa, lo que unido a su precio algo mayor y procesamiento más lento, lo hace indicado para casos especiales y uso rústico.

Este tratamiento es el más efectivo disponible para las piezas que están sometidas a la acción permanente o intensa de la intemperie o del agua dulce.

Para agua salada se recomienda el uso de acero inoxidable ANSI 304 (o ANSI 316 para los casos más extremos).
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