¿Es Ecológico Construir en Madera?

Nuestra civilización se enfrenta al dilema acuciante de cómo avanzar en el desarrollo de nuestras sociedades, incrementar la calidad de vida, las libertades y las comodidades que disfrutamos y además integrar en este desarrollo a los 2/3 de la humanidad que se ha quedado fuera hasta ahora, mientras que la actividad humana, en la enormidad de la escala de sus más de 6.200 millones de habitantes ya está modificando profundamente muchos parámetros físicos del planeta, alterando así el delicado y fundamental equilibrio que permitió el florecimiento de la vida.

El ejemplo más conocido es el denominado Cambio Climático. Se trata de un aumento importante y rápido (a escala geológica) de la temperatura media del planeta, producido por el aumento de la concentración atmosférica de CO2, de metano y de otros gases, que en lo que a la actividad humana se refiere, son mayormente producto de la combustión del petróleo, gas y carbón. El metano proviene en parte de los escapes de gas natural, pero una fuente muy importante es la cría intensiva de ganando, que lo genera como un producto de la digestión.

Existe bastante polémica sobre los efectos concretos y la velocidad real de esta modificación del clima, pero ya no es posible negar su importancia y la necesidad de tomar acciones. La reciente entrada en vigor del Protocolo de Kioto es un paso, aunque tímido e incompleto en la limitación de estas emisiones.

Pero existen también otros problemas graves, como ser la desaparición de los bosques por su explotación descontrolada, la desertificación de muchas zonas y graves problemas sociales que excluyen a millones de personas del desarrollo y les fuerzan a sobreexplotar la naturaleza.

Como miembros de la sociedad y también como empresarios conscientes, nos preguntamos si nuestra actividad tiene un impacto positivo, neutro o negativo sobre estos problemas.

Una primera conclusión es que ninguna actividad humana a escala importante es neutra. Queda entonces reflexionar sobre sus aspectos positivos, si los hay y la importancia de los negativos, de los que no se puede poner en duda su existencia.

Como balance de ambos aspectos, creemos que promover la construcción en madera es positivo, pero solo si se cumplen ciertas condiciones.

Veamos por qué: la madera está constituida esencialmente por celulosa, un polisacárido macromolecular, cuya fórmula es (C6H10O5)n. Observamos que contiene 6 átomos de carbono en cada molécula del polisacárido. Por esta razón, la celulosa es un buen almacenador de carbono.

En comparación, el metano CH4 y el dióxido de carbono CO2, que son dos de nuestros principales "enemigos", tienen un átomo de carbono en su molécula. La celulosa es además muy estable y resistente, difícil de disolver y reacciona solo con ácidos fuertes (Sulfúrico, Nítrico) y otras pocas substancias.

Estos datos son para explicar que los vegetales superiores almacenan durante su crecimiento importantes cantidades de carbono en su madera, que extraen del CO2 atmosférico y este almacenamiento puede ser estable y duradero. Algunos subproductos, como el papel, también pueden ser un buen almacén si no se recicla y en cambio se cuida que no se degrade.

Los bosques en crecimiento son por ello un medio eficiente y disponible ahora, para enfrentar el aumento incontrolado de la concentración de este gas con "efecto invernadero".

Con esta consideración, se podría inmediatamente concluir que talar los bosques para extraer la madera es contraproducente. Pero la respuesta no es tan sencilla.

Primero: hemos dicho que el almacenamiento de carbono se realiza fundamentalmente en los bosques en crecimiento. Cuando el árbol es adulto y su crecimiento se ha reducido o desaparecido, este proceso se reduce substancialmente. La conclusión en segunda lectura es que debemos tener árboles jóvenes, saludables y en crecimiento para que realmente tengan un efecto protector de la atmósfera. Los bosques con decaimiento (pudrición) de la madera generan además importantes cantidades de metano.

Está claro que talar los bosques sin repoblarlos es muy negativo para el calentamiento global, aparte de facilitar la erosión de los terrenos y la creciente desertificación del planeta.

Pero si utilizamos la madera de manera apropiada, reponiendo además los árboles talados de forma sistemática, lo que hacemos es estabilizar el carbono de su celulosa, conservándolo fuera de la atmósfera un tiempo importante (por ejemplo 50 años?) y generando nuevo crecimiento del bosque, con lo que almacenamos o "secuestramos" carbono de la atmósfera.

La actividad económica que genera la venta de la madera hace rentable la creación y el mantenimiento de bosque joven, algo que sería poco probable de no existir esa actividad.

En este razonamiento no debemos incluir regiones como la Amazonia y otros bosques tropicales, de crecimiento lento y con terrenos frágiles, que difícilmente admiten una gestión razonable de sus recursos. Pero muchos bosques de pino europeos y canadienses sí pueden ser controlados y explotados racionalmente (de hecho, mayormente ya lo son) y se consideran un recurso renovable y explotable.

Podemos concluir que la explotación racional y controlada de ciertos bosques es positiva para el calentamiento global, por el efecto de almacenamiento de carbono atmosférico y la generación de árboles jóvenes y en crecimiento.

Esto choca con nuestra idea intuitiva de que debemos conservar los bosques tal como están, pero en este caso la realidad tiene más facetas de lo que parece a primera vista.

Segundo: La celulosa es estable pero no es indestructible. En particular, es atacada con facilidad por numerosos insectos, hongos y microorganismos que la degradan, generando como subproductos de su actividad digestiva más CH4 y CO2

Para que el secuestro del carbono tenga una duración razonable, debemos tratar la madera con productos que la protejan de esos mecanismos de degradación, como ser la impregnación de la madera en autoclave. El producto de impregnación debe seleccionarse para que no sea tóxico, no altere el color natural de la madera y la proteja eficazmente y por largo tiempo.

Pero, acaso 50 años sería una duración razonable para este almacenaje del carbono?

Se trata de una cuestión práctica. El proceso a escala geológica que ha sepultado ingentes cantidades de carbono fósil en forma de hidrocarburos, gas y carbón ha llevado millones de años. Ante esto, 50 o 100 años parecen insignificantes.

Pero el problema cómo extraer el carbono atmosférico es tecnológico; hoy la humanidad no sabe cómo hacerlo (aunque los árboles sí lo saben) y sobre todo, no tenemos la energía suficiente para reducir el carbono oxidado (CO2) y separarlo del oxígeno, algo que los árboles realizan mediante la energía de la luz solar. La oxidación del carbono se realiza casi espontáneamente y con gran liberación de energía, pero para el proceso inverso se necesita más o menos la misma energía que se generó durante la combustión.

Pero podemos ser optimistas. Es razonable esperar que en unos 50 años dispondremos de fuentes de energía limpia y abundante (probablemente mediante la fusión del hidrógeno). Podremos entonces acometer la tarea de extraer buena parte del carbono que alegremente hemos inyectado en la atmósfera durante los últimos 150 años.

Sin embargo, no podemos esperar 50 años para hacerlo. Mucho antes, el efecto pernicioso de estos gases habrá alterado excesivamente el equilibrio del planeta. Por eso debemos actuar ya.

Almacenar carbono atmosférico en forma de celulosa estable es uno de los caminos para reducir el calentamiento global. El construir con madera renovable, de origen controlado y adecuadamente tratada para asegurar su duración contribuye en ese sentido.

Tercero: para una evaluación más completa, debemos comparar la madera con otros métodos y materiales de construcción.

Las alternativas principales son los ladrillos y las cerámicas, el hormigón, los metales, el vidrio y los polímeros como el PVC, el metacrilato, el policarbonato, etc.

Pero para producir todos los materiales mencionados se requieren inmensas cantidades de energía térmica y los polímeros son además especialmente contaminantes

Los ladrillos de arcilla y las cerámicas requieren los correspondientes hornos; el cemento para el hormigón se fabrica a partir de arcillas y minerales calcáreos en hornos continuos (muy contaminantes, aparte de ser grandes consumidores de energía térmica). Lo mismo puede decirse del vidrio, producto de la fusión de arena silícica y otras substancias.

El hierro se obtiene de sus óxidos minerales con gran consumo de energía y utilizando coque (un carbón) como reductor. Para fabricar el acero a partir del hierro, se utilizan hornos eléctricos o de gas muy potentes. En el caso del aluminio, el proceso de obtención a partir de la bauxita por fusión electrolítica consume tanta energía eléctrica que a menudo se construyen grandes presas con generadores hidroeléctricos para alimentar las fábricas del metal. Por lo mismo podría decirse que el proceso no genera CO2, pero esa energía eléctrica hidroeléctrica, si estuviera disponible, podría substituir la equivalente de centrales térmicas contaminantes.

La madera, aunque exige una gestión cuidadosa de los bosques que la producen, no tiene estos inconvenientes y es un excelente almacenador de carbono atmosférico, algo necesario para reducir el calentamiento global.

La presencia de la madera en nuestro entorno vital nos recuerda además la belleza de la naturaleza y el deber que tenemos de cuidarla y utilizarla racionalmente.

Debemos finalmente agregar que algunos países con desarrollo más rápido, como es el caso de España, tienen el compromiso firmado en Kioto de reducir sus emisiones en una proporción mayor que otros más desarrollados, pero que han crecido más paulatinamente.

Es una paradoja el que con menos recursos se deba hacer un esfuerzo mayor y esto hace temer que será muy difícil lograrlo, a menos que se produzca un cambio importante de mentalidad.

Estas resumidas reflexiones son una pequeña contribución a ese cambio necesario.

Entender el problema es un primer paso, luego debemos actuar. Y no hay tiempo que perder si queremos que nuestros hijos y nietos crezcan en un planeta habitable.

Autor: José Luis Juarez R.
Puede contactarle en: info@maderkraft.com

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